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Un joven bailaor llama a las puertas de la fama. Se llama Rubén Borjas y es vallisoletano. Hace escasos meses, pisó fuerte en el teatro Calderónde su tierra. “No es fácil subirse al escenario en propia casa”, decía entonces. Su espectáculo es Sentido y encuentra la razón del nombre entre el cante, las guitarras y el baile acompasado de quien vive y entiende el flamenco con pasión;“con mucha pasión”, dice. Las raíces bailaoras le vienen por parte de sus dos abuelas y de la tatarabuela sevillana Dolores Vargas. Desde muy chiquito, a los nueve años, ya bailaba en las celebraciones familiares. Luego llegaría lo profesional. Rubén Borjas actuará en el teatro Juan Bravo el próximo 12 de octubre y lo hará acompañado por nuevos talentos y nombres conocidos dentro del mundo del flamenco. Entre los primeros, se encuentran su acompañante en el baile, Mónica Fuentefría, los guitarristas Jesús del Rosario, Iván Losada o Raúl Olivar, los vientos de Iván Carlón o la percusión de Luqui Losada. Entre los segundos, más conocidos, destacan los nombres de Guadiana y Enrique Lozano “Pescao” y al cante, Santi y Antonio Amador “El ciervo”. Rubén Borjas (Valladolid, 1983), surge de la formación Nuevos Jóvenes Flamencos; ocho muchachos de edades comprendidas entre los 12 y los 21 años que fundan un grupo de teatro para representar obras inspiradas en la antigua vida de los gitanos, “como cuando iban de pueblo en pueblo con sus carromatos”, apunta. De la escuela de Canales. En sus inicios toman como figura a seguir a Antonio Canales. Realizan una serie de actuaciones con las que se quitan el miedo escénico. Dos años después, Rubén se trasladaría a Madrid para estudiar en la escuela Amor de Dios, de su ídolo Canales. Allí perfecciona su técnica bajo la dirección de Antonio Reyes y Belén Fernández. También realiza cursillos con Manolete. Todo este aprendizaje lo alterna con actuaciones junto al grupo Nuevos Jóvenes Flamencos. Desde el año 2000 su carrera ha ido en aumento, dándose a conocer principalmente por su tierra y la zona norte de España y una salida a Francia el año pasado. Sentido es el nombre del montaje estrenado este año, con el que lleva recorridos varios escenarios y es el nombre también de la compañía formada por el pucelano. Ahí está el joven guitarrista Raúl Olivar, uno de los tocaores con más proyección de la escena musical local. En la actualidad lidera su propio trío y está abierto a la fusión del flamenco con otros sonidos. En distintos ámbitos musicales se mueve el flautista y saxofonista vallisoletano Iván Carlón, por lo general relacionados con músicas de fusión y étnicas. Forma parte de grupos afincados en la capital castellanoleonesa como Karton Boulevard Imberica, Electrofunk y TosTones. Dos cantaores de prestigio como el palentino Enrique Lozano “Pescao” y Antonio Salazar “Guadiana” refuerzan con su fuerza flamenca y su amplia experiencia con bailaores -el Güito, Merche Esmeralda, Joaquín Cortés, Javier Barón o Antonio Canales-, Sentido. “Sentido da que pensar en el buen sentido”, señala Borjas, que recuerda que el nombre del espectáculo y la compañía se le ocurrió a su padre. “La familia me ha ayudado mucho, sobre todo mi padre, que es mi representante”, explica. Sabedor de que no abunda el flamenco en su Comunidad, cree que con Sentido, el público sabrá que existe también otra forma de bailar flamenco tierra adentro. Bailarina, coreógrafa, modelo, actriz, directora de escena, realizadora de cine, profesora, adepta del rap y del flamenco y ex gimnasta del Equipo Olímpico Español, la granadina Blanca Li no encaja en definiciones al uso. Esta innovadora artista, instalada en Francia desde hace años, traerá al Juan Bravo dos de sus ballets más creativos y aclamados: El amor Brujo y Nana&Lila. Estilos, ritmos y pasos diferentes conforman un espectáculo diverso con el que la artista internacional arrasó primeramente en Francia y, este mismo verano, en el Festival Internacional de Granada. A Marta Li el público del Juan Bravo pudo verla hace cuatro años con El sueño de un Minotauro. El público, eclipsado, alabó no sólo la impecable realización de los bailarines, sino la innovadora y arriesgada coreografía. Nana&Lila y El amor Brujo, son ballets que beben tanto de los ritmos africanos como de la esencia flamenca que Blanca Li ha renovado. Con música del celebre Manuel Falla, El Amor Brujo de Blanca Li es un ballet en un solo acto (25 minutos) y despojado de tintes demasiado folclóricos. En 1997, con ocasión del cincuentenario de la muerte del compositor Manuel de Falla, Jean Marie Blanchard encargó a la coreógrafa y bailarina española una puesta en escena original para la ópera La Vida Breve y otra para El Amor Brujo. En la Ópera de Nancy estrenó Li la coreografía que veremos en Segovia, que encierra el espíritu de la leyenda gitana, a través de una coreografía moderna cuyas raíces se nutren del flamenco. Diez bailarines escenifican esta adaptación: Stéphanie Andrieu, Geraldine Fournier, Enmanuelle Huybrechts, Valèrie Sastron, Cyril Lot, Marina Boismené, Yana Maltseva le Gac, Pascale Peladan, Deborah Torres y Raphael Rodríguez. La segunda parte del espectáculo está reservada a uno de los mayores éxitos de la coreógrafa: Nana& Lila. Se trata de un trabajo sobre textos de Lorca, cantes de Camarón y músicas populares de Andalucía y Marruecos. Desde su estreno, en Berlín, en 1993, se ha representado en más de doscientas ocasiones y, sin duda, es el trabajo más aclamado de la coreógrafa. Li ha concebido esta parte como una unitaria visión integrada por cinco escenas independientes que van desde el gesto dolorido del flamenco hasta la cara festiva siempre presente en el baile.
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